En una primera consulta de nutrición no tienes que demostrar todo lo que sabes: tienes que conseguir que tu paciente se sienta escuchada, entienda qué le pasa y sepa exactamente qué va a hacer al salir por la puerta. Esa es la respuesta corta. Abajo tienes la estructura completa, minuto a minuto, con lo que conviene decir en cada momento y lo que es mejor callarse.
Llevo más de diez años en el sector y he formado a más de dos mil dietistas y nutricionistas. ¿Sabes cuál es la duda que más se repite cuando alguien va a empezar a pasar consulta, con diferencia? No es qué protocolo aplicar ni qué software usar. Es esta: «¿y qué le digo?». Y muy de cerca le sigue el miedo a quedarse en blanco delante de alguien que ha pagado por estar ahí.
Formación gratuita · 22-29 de septiembre
La Semana de las Nutrias 🦦
Una semana en directo para dejar de vivir para tu consulta y empezar a vivir de tu consulta. En junio fuimos más de 300 dietistas y nutricionistas.
Si es tu caso, tranquila: no te falta formación. Te falta una estructura. Vamos con ella.
¿Qué se hace exactamente en una primera consulta de nutrición?
Una primera consulta bien llevada dura entre 45 y 60 minutos y tiene cinco momentos claros:
- La preparación (antes de que entre).
- La apertura: los primeros cinco minutos, donde se juega la confianza.
- La historia: la anamnesis, que es mucho más que rellenar un formulario.
- La devolución: el momento en que le explicas lo que has entendido. Este es el que marca la diferencia.
- El cierre: qué se lleva, qué va a hacer y cuándo os volvéis a ver.
Fíjate en que solo uno de los cinco tiene que ver con lo técnico. El resto es comunicación — y eso también se aprende.
Antes de que entre: la preparación que se nota
La consulta empieza antes de que la paciente se siente. Ten resuelto:
- El cuestionario previo enviado y leído. Que llegue con los datos básicos rellenados te ahorra quince minutos y te permite entrar con contexto: «he visto que llevas tiempo con digestiones pesadas, cuéntame».
- El consentimiento informado y la protección de datos, firmados o listos para firmar. No es burocracia: es lo que te protege y lo que transmite que esto va en serio.
- El material a mano: lo que vayas a entregarle, tu plantilla de registro, la báscula o lo que uses.
- Cinco minutos de silencio antes. Sin mirar el móvil. Repasa su caso. Se nota muchísimo la diferencia entre entrar corriendo y entrar centrada.
Los primeros cinco minutos: qué decir literalmente
Aquí es donde la mayoría se pone nerviosa y empieza a hablar de más. Haz lo contrario: habla poco y pregunta pronto.
Una apertura que funciona, adaptada a tus palabras:
«Hola, soy [tu nombre], dietista-nutricionista. Antes de nada quiero contarte cómo vamos a trabajar hoy: primero voy a preguntarte bastante sobre ti y tu día a día, porque necesito entender bien tu caso. Después te explicaré lo que he visto y decidiremos juntas por dónde empezar. Y saldrás con un plan concreto, no con una lista de prohibiciones. ¿Te parece?»
Esa pequeña presentación hace tres cosas a la vez: ordena la sesión, baja su ansiedad (sabe qué va a pasar) y te ordena a ti. Si algún día te quedas en blanco, este guion es tu red de seguridad.
Y después, la pregunta que lo abre todo: «Cuéntame, ¿qué te ha traído hasta aquí?». Y te callas. Aunque haya silencio. Ahí es donde te va a contar lo que de verdad importa.
La anamnesis: qué preguntar (y qué estás escuchando en realidad)
La anamnesis no es un interrogatorio: es una conversación con estructura. La parte clínica ya te la sabes — patologías, medicación, analíticas, alergias — y de eso no te voy a hablar yo. Lo que marca la diferencia son las tres cosas que casi nadie pregunta bien:
- El motivo real, no el que dice. «Quiero perder peso» casi nunca es solo eso: es una boda, un análisis que le ha asustado, o estar harta de no encontrarse bien. Si te quedas con la frase de arriba, trabajas sobre el problema equivocado.
- Su día real, no el ideal. Un martes normal: a qué hora se levanta, quién cocina, cuánto tiempo tiene, dónde come, qué pasa a las siete de la tarde cuando llega a casa. Aquí es donde se cae la mitad de las pautas que damos.
- Qué ha probado antes y por qué lo dejó. Es oro puro, porque te dice exactamente qué NO repetir.
Y un consejo que te va a servir toda la vida profesional: apunta sus frases literales. Cuando dentro de tres meses le recuerdes que llegó diciendo «es que yo por la noche no puedo parar», y ahora sí puede, esa paciente no se va a ir nunca.
La devolución: el momento que separa una buena consulta de una del montón
Si solo te quedas con una cosa de todo este artículo, que sea esta. Antes de dar ninguna pauta, devuélvele lo que has entendido:
«A ver si lo he entendido bien: llevas años haciendo dietas que empiezan bien y se rompen cuando llega una cena fuera. Comes muy poco hasta media tarde y luego llegas a casa con un hambre que no puedes gestionar. Y lo que más te preocupa no es el número de la báscula, es no estar todo el día pensando en comida. ¿Es así?»
Cuando haces esto pasan dos cosas. La primera, que ella siente algo que probablemente no ha sentido en ninguna consulta anterior: que la han escuchado. La segunda, que tú te ganas la autoridad de verdad — no por recitar bioquímica, sino por haber entendido su vida.
Y desde ahí ya puedes explicar tu enfoque: qué vais a trabajar, en qué orden y por qué. En cristiano, sin tecnicismos. Si necesitas usar una palabra técnica, úsala y explícala inmediatamente.
Te cuento de dónde me viene la insistencia con esto. Durante los años que dirigí la unidad de nutrición y obesidad de una de las mayores cadenas de clínicas de España, tuve a más de 160 nutricionistas en el equipo y revisé muchísimas consultas. La diferencia entre las que retenían pacientes y las que no casi nunca estaba en el plan nutricional — el nivel técnico era parecido. Estaba en si la paciente salía de allí sintiendo que la habían entendido. Esos dos minutos de devolución explicaban más resultados que cualquier protocolo.
El cierre: qué se lleva y cuándo os volvéis a ver
Nunca dejes que se vaya sin tres cosas:
- Algo concreto que hacer desde mañana. Aunque sea pequeño. Dos o tres cambios, no veinte. La primera semana no va de perfección: va de que compruebe que puede.
- Algo tangible. Su plan, unas pautas, un registro, la lista de la compra… lo que encaje con tu forma de trabajar. Se lleva algo con tu nombre, no solo un recuerdo de la conversación.
- La siguiente cita cerrada. En el momento, no «ya te escribiré». Este punto es el que más pacientes salva: la mayoría de las que no vuelven no es porque no quieran, es porque nadie les puso fecha.
¿Y si me quedo en blanco?
Te va a pasar. Le pasa también a gente con veinte años de consulta, aunque no lo cuenten. Y no es tan grave como parece, porque tienes dos salidas que funcionan siempre:
La primera: devolver la pregunta. «Cuéntame un poco más de eso» te da veinte segundos de oxígeno y, de paso, más información.
La segunda: la honestidad. «Eso quiero mirarlo bien antes de decirte nada, así que lo reviso y te lo mando esta semana». Lejos de restarte autoridad, te la da: quien improvisa una respuesta es quien no la tiene.
Porque aquí va la verdad incómoda: la seguridad no llega antes de la primera consulta, llega después de unas cuantas. Esperar a sentirte preparada para empezar es esperar a algo que no ocurre en ese orden.
Los tres errores que más veo en las primeras consultas
- Hablar demasiado. Por nervios se explica de más. La regla: ella habla el 70 % del tiempo, tú el 30 %.
- Dar veinte indicaciones. Cuantas más cosas pides, menos se cumplen. Menos es más.
- No hablar del proceso. Si no explicas que esto va de varias sesiones y por qué, la paciente entiende que ha venido a por una dieta. Y con la dieta en la mano, no vuelve.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto debe durar una primera consulta de nutrición?
Entre 45 y 60 minutos. Menos de 45 va justo para hacer una buena anamnesis y devolución; más de 60 suele indicar que se está hablando de más y satura a la paciente.
¿Hay que entregar la dieta en la primera consulta?
No necesariamente, y en muchos casos es mejor no hacerlo. Puedes entregar unas pautas iniciales y enviar el plan completo en unos días, cuando lo hayas trabajado con calma. Lo que sí debe llevarse siempre es algo concreto que empezar a hacer.
¿Qué hago si el caso se me escapa o veo señales de alarma?
Derivar. Decir «esto lo lleva mejor un compañero o compañera y te acompaño en la derivación» es una de las cosas más profesionales que puedes hacer, y las pacientes lo agradecen.
¿Cómo cobro la primera consulta si acabo de empezar y no tengo experiencia?
Con un precio calculado, no improvisado: por lo que cuesta tu tiempo, tu preparación previa y tu material, no por lo que cobra la consulta de al lado. La falta de experiencia no se compensa cobrando poco; se compensa preparando muy bien cada caso.
¿Y si me quedo en blanco delante de la paciente?
Devuelve la pregunta («cuéntame un poco más de eso») o sé honesta y dile que lo revisas y se lo mandas. Ninguna de las dos cosas te resta autoridad: te la da.
En resumen
Tu primera consulta no necesita que lo sepas todo. Necesita estructura: preparación, una apertura que ordene la sesión, escucha con guion, una devolución que demuestre que has entendido, y un cierre con fecha. Eso es lo que hace que una paciente vuelva — y que tú salgas de la consulta con la sensación de haberlo hecho bien.
Aquí te he dado el esqueleto. Si quieres verlo desarrollado y con ejemplos, tengo una clase gratuita sobre cómo pasar tu primera consulta donde lo cuento entero: es el mejor sitio por el que seguir después de este artículo.
Y lo que no cabe ni en un artículo ni en una clase es tu caso concreto: la plantilla de anamnesis completa, el guion adaptado a tu forma de trabajar, los entregables ya montados y qué hacer cuando la consulta se te tuerce. Eso lo trabajamos, con revisión de casos reales, en Arranca tu Consulta.
Esther Montoliu es dietista-nutricionista y mentora de dietistas y nutricionistas. Con más de 10 años en el sector, ha sido directora de nutrición y obesidad de una de las mayores cadenas de clínicas de España (+160 clínicas) y ha liderado equipos de más de 80 profesionales. A lo largo de su carrera ha formado a más de 2.000 dietistas y nutricionistas, y ha mentorizado a más de 100. Ha sido profesora universitaria durante varios años y es la fundadora de Vivir de la Nutrición.
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